Héctor Casaoliva – El Ojo del Emperador

Dark Heresy plantea una ambientación Futuro, Fantástica, medieval, gótico, Punk en el universo salvaje de Warhammer 40k, donde los jugadores interpretan el papel de acólitos al servicio de la mismísima inquisición. Su función: la de Velar por la seguridad de la humanidad, ya sea física, moral, o espiritual, e investigar todo aquello que sea digno de sospecha.

 

 

albert-estrada-retocatHéctor demostró gran comodidad dirigiendo Dark Heresy, en el universo de Warhamer 40.000, que yo solo conozco de forma tangencial, pero que a priori no me desagrada. Después de esta partida, siento que he profundizado mucho más en el conocimiento de dicha ambientación, y, además, me ha sabido despertar las ganas de explorarla con mayor profundidad, cosa que constituye un mérito que hay que reconocerle al narrador. Evidentemente, siendo una partida sólidamente anclada a la historia del mundo de juego, aquellos jugadores que mayor conocimiento del medio tenían más pudieron disfrutarla, pero a los demás nos sirvió para conocer e introducirnos en este juego… y mi personaje me encantó.

La mayor virtud de Héctor como narrador, en mi opinión, es contar con la cintura suficiente como para permitir que los jugadores tengan éxito si demuestran la astucia suficiente o la suerte de los dados les acompaña, sin necesidad de sacarse de la manga nuevos obstáculos para alargar innecesariamente la aventura, y me da que, si las cosas nos hubiesen ido mal, tampoco nos habría salvado el culo por intervención de la divina providencia.

A pesar de que logramos resolver la aventura con cierta soltura y prácticamente ni nos despeinamos, supo transmitir muy bien la angustia del momento y dotar a la acción de un ritmo trepidante, incluso y sobre todo en las escenas de combate, que a menudo son las que más se enlentecen. Teniendo en cuenta que el sistema de juego no es el más sencillo que existe, pues hay un montón de detalles tácticos a contemplar, y que la mayor parte de nosotros no teníamos experiencia en su manejo, supo guiarnos de forma encomiable a través de sus entresijos para que no nos encallásemos demasiado con él.

Tras tantos peligros y tanto combate, el final, con vívidas descripciones que lograron trasladarme a la realidad alternativa que estábamos explorando, ofrecía un giro de 180 grados, y se adentraba en el mundo de la introspección, la filosofía y la ética. Consiguió, con creces, dotar a dichas escenas de la majestad que una situación de dicho calibre merecía, y recubrir toda la aventura de una pátina de trascendencia que nos hacía sentir que los peligros y dificultades que habíamos superado habían merecido la pena. Fue una partida sencilla, pero con mucho eco.